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Vikesh Rajpaul


Director de Programas de Energía Solar por Concentración. Unidad de Negocio de Renovables de Eskom (Sudáfrica).

Según prevé la hoja de ruta de la tecnología para la electricidad solar termoeléctrica (STE, por sus siglas en inglés) de 2014 de la Agencia Internacional de la Energía (IEA, en sus siglas inglesas), la cuota de esta energía dentro de la electricidad mundial alcanzará el 11 % en 2050 y aquella, combinada con la fotovoltaica, podrá suministrar hasta un 27 % de la electricidad mundial en 2050, lo que la convertirá, así, en la principal fuente de electricidad del mundo ya en el año 2040.

Los beneficios del almacenamiento térmico han diferenciado tradicionalmente a la electricidad solar termoeléctrica –también conocida como energía solar por concentración (CSP)– de otras tecnologías renovables y la han posicionado como la solución para la incorporación de tecnologías de energías renovables en el mix energético a gran escala. La capacidad y la previsión en el suministro, junto con el potencial inherente de la CSP para ofrecer servicios complementarios a un operador de la red eléctrica, avalan la inclusión de la CSP en un sistema que pretenda diversificar su mix de energía y reducir las emisiones de carbono en el futuro.

A pesar de estos beneficios y de la abundancia global de un recurso natural ilimitado y gratuito, la adopción de la tecnología CSP se ha enfrentado a cierta resistencia y no ha tenido la acogida que cabría esperar. Frecuentemente se aduce que la CSP es una opción cara que se encuentra en una fase inicial, que todavía debe madurar, y se la sigue considerando de alto riesgo.

Independientemente de si se aceptan o no estos argumentos, es importante recordar que, con frecuencia, las percepciones se convierten en realidad. Y mientras la tendencia a reducir el precio de la CSP es más que evidente, su coste frente a las alternativas disponibles continúa siendo un problema que podría afectar a la sostenibilidad del sector a largo plazo. La necesidad de reducir el coste de esta energía, y al mismo tiempo cuantificar y demostrar claramente el valor añadido que aporta la tecnología a la industria son aspectos que aquella debe abordar para alcanzar los niveles de penetración que prevé la IEA.

Sin embargo, es posible que una amenaza mayor para el sector sea el auge del mercado de generación y distribución a pequeña escala como resultado directo de la rápida reducción de los precios de la energía fotovoltaica en combinación con el incremento del coste de los servicios públicos. Esto se traduce en que los clientes están mejor informados y consumen más energía; así se recoge en la ‘Living Standards Measure’ una evaluación realizada entre la población sudafricana de la que se desprende la alta predisposición de los consumidores al autoabastecimiento eléctrico.

El panorama energético está evolucionando constantemente. El sector dentro de 10, 20 o 30 años será muy distinto al que conocemos hoy.

A medida que se intensifica la carrera en pos de opciones de almacenamiento de bajo coste como las baterías, y más clientes se desconectan completamente de la red, se incrementa el coste de los servicios públicos para los usuarios del servicio. Esta situación anima al resto de los clientes a hacer lo mismo, lo que favorece la espiral clásica de muerte de las empresas de servicios públicos. Dada su capacidad para desencadenar un cambio de paradigma, este hecho amenaza seriamente la sostenibilidad de los sistemas eléctricos centralizados, convencionales y a gran escala, y también a las industrias que lo sustentan como la CSP. A tenor de las tendencias internacionales, ya no es cuestión de si sucederá o no, sino más bien de cuándo.

La capacidad de reacción que tenga el sector de la CSP cuando esto ocurra dependerá, sobre todo, de cómo responda la industria en este momento. Podría ignorar la amenaza y seguir operando como hasta ahora; enfrentarse a ella; o bien aceptarla ajustando el modelo de negocio y la oferta de servicios para responder a los cambios en el entorno.

Sea cual sea la decisión, está claro que el panorama energético está evolucionando constantemente y que el sector, dentro de 10, 20 o 30 años será muy distinto al que conocemos hoy. En nuestra búsqueda por conseguir que la CSP sea relevante en el debate actual, no debemos perder de vista una visión más amplia: el entorno en el que operamos y nuestro legado para las generaciones futuras.

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